Pintor, muralista y fotomontador, cuando Estados Unidos se jactaba del primer viaje a la luna, el artista fusionaba imágenes de sillas eléctricas, racismo y brutalidad contra el tercer mundo. La muerte lo pilló trabajando en Berlín en 1982. Hoy su trabajo es fundamental para entender los efectos de la Guerra Civil Española y el convulso siglo XX.
Domingo 31 de enero de 2010
La elasticidad de Renau es asombrosa. Desde las acuarelas art decó, pasando por el dadaísmo, hasta el mural y el cartel publicitario, deja testimonio de las tragedias de España, México y Alemania.
Puede que la obra de Renau no cuelgue de los muros de ninguna casa. Pintor, fotomontador, pero sobre todo activista político, en su trabajo las mujeres le abren las piernas a Wall Street, España está construida sobre cadáveres, los campos son arados por botas militares, la Marilyn Monroe está decapitada y los niños del tercer mundo tiritan bajo la Estatua de la Libertad y el bigote de Hitler.
Nacido en Valencia en 1907 y muerto en el Berlín de 1982, si el artista es capaz de remecer conciencias es porque la sangre inocente sigue corriendo calle abajo. Doloroso es el paradigma del artista comprometido con las injusticias que la humanidad padece. “La explotación de los miserables por parte del capital, la inmigración, el imperialismo, el negocio de la guerra. Son cuestiones que desde su tiempo nos está advirtiendo”, explica Jaime Brihuega, comisario de la exposición “Josep Renau. 1907-1982: compromiso y cultura”, que se tomará desde el próximo 16 de marzo el MAC.
Dibujante innato, rebelde de cuna, Renau fue un provocador intelectual a través de las formas. Desde el art decó, pasando por la poética de Vallecas, el dadaísmo, el muralismo mexicano y el radicalismo político alemán, en sus obras hay campesinos lanzando leche para que no bajen los precios, protesta que se repite por estos días en Suiza.
Militante del Partido Comunista de España desde 1931, Renau es también por esa época nombrado director general de Bellas Artes, cargo que le permite poner en marcha el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París, en 1937. En plena Guerra Civil, Renau llama a Miró y Picasso para encargarles una obra y es gracias a eso que aparece el “Guernica”, una de las obras cumbre de la pintura universal. Pero éste no fue su único mérito. También logró salvar de los bombardeos el patrimonio artístico del Museo del Prado, tesoro que fue trasladado a Suiza. Exiliado en México desde principios de los años 40, en la tierra del tequila es recibido por Siqueiros, con quien pinta el famoso mural “España hacia América”. Verdadero precursor del pop art, cuando Estados Unidos se jactaba del primer viaje a la luna, el artista fusionaba imágenes de sillas eléctricas, racismo y brutalidad contra el tercer mundo con los colores de los anuncios de Coca-Cola. “Hizo un arte que incluía la cultura de
PINOCHO DE REVISTA
De antología, Chile será la séptima parada de 250 obras que ofrecen un recorrido cronológico y temático por toda la dilatada vida de un hombre que, sólo con tijera y goma de pegar, hizo temblar más masas que un hacker. “Si ese hombre hubiera tenido Photoshop hubiera empapelado el mundo con sus imágenes”, revela el comisario que viajará a nuestro país sobre todo para sacarle el polvo a una imagen, la de un Pinochet rodeado de militares con cráneos colgando del cuerpo.
“Es un montaje con fotografías de prensa y es un punto final de la crítica radical que hace al imperialismo yanqui y a su comportamiento desde terminada la Segunda Guerra Mundial. Algo que España sufrió en carne propia, porque fue el imperialismo norteamericano el que mantuvo a Franco en su sitio para levantar una barricada contra el pensamiento de izquierda. Las dictaduras latinoamericanas no fueron más que eslabones de la misma cadena”, acota quien se resiste a dejar a Renau en un mausoleo. “Yo creo que si Renau viviese tendría muchos problemas en el mundo que denunciar. Desde la pobreza en Haití hasta la desnutrición de África”, cuenta.
Polemista infatigable, al tipo malas pulgas y dueño de un humor ácido, Brihuega se lo imagina en el otro mundo comiendo paella y tomando una copa de vino con una mujer hermosa. “Era divertidísimo y con una sensualidad exultante. Se casó, tuvo hijos, se divorció y tuvo muchas amantes, era un vividor”, expresa sobre quien combinaba el humor con un ataque continuo a la injusticia. Y en cuyas imágenes la delantera de una mujer se fusiona con los pálpitos más oscuros del hombre.
De herederos ni hablar. Pues, según Brihuega, corren malos tiempos para el arte comprometido. “Sacrificar el mercado no es de este tiempo. Renau nos enseñó que la obligación de un artista es alzar su voz y sino se convierte en un comparsa del mal”, acota sobre el tipo que muere trabajando en la RDA. “Estaba decaído porque el mundo de la Alemania Democrática, en la que creyó firmemente, empezaba a resquebrajarse y viendo que la transición española no avanzaba a la velocidad que debía, que un buen aparato del franquismo quedaba intacto y se metamorfoseaba, le atacó el pesimismo. De eso ustedes los chilenos saben mucho”, remata el comisario.



