Sábado 20 de marzo de 2010
Movimiento Hip Hop Combativo + Zenit + La Tecnika + L.E. Flaco + Kultama
CSO La Traba. C/Batalla de Belchite, 17. Metro Legazpi
Convoca: Coordinadora Antifascista de Madrid y Movimiento Hip Hop Combativo
Apoya: Federación Panafricanista
17:00h Video-forum: "Cultura Hip Hop"
19:30h Concierto: Hip Hop contra el racismo. No a la Ley de Extranjería
Entrada anticipada: 6 €. Entrada en taquilla: 8 €.
Puntos de venta:
Triburbana. C/ Bordadores, 6. Madrid. Metro Opera, Sol
Chromeskateshop. C/ Soria, 3. Torrejón de Ardoz
Encuadrado en la semana europea antirracista
Hip Hop contra el racismo. No a la Ley de Extranjería
“Declaramos nuestro derecho en esta tierra de ser hombres, de ser seres humanos, de ser respetados como seres humanos, de conseguir los derechos de un ser humano… en esta sociedad, en esta tierra, en este día en el que intentamos que esto sea una realidad… por todos los medios necesarios” Malcolm X
El rap, como expresión musical del hip hop, nació como la voz de la población afroamericana de los suburbios, una población sujeta a enormes cotas de discriminación y represión por parte de los diferentes gobiernos norteamericanos amparados por el sistema estadounidense en sí, proclive al exterminio étnico y a las invasiones imperialistas. Si bien en un comienzo predominó la faceta más festiva del rap, no tardó en ser un medio de denuncia y de lucha contra el racismo gubernamental y contra el poder establecido.
Hoy en el estado español no faltan razones para que continúe siendo así, pues no son pocos los casos de racismo y de discriminación existentes. Los trabajadores inmigrantes que ayer fueron no sólo útiles, sino necesarios, para alcanzar los ritmos de crecimiento económico, no caben hoy en las cuentas de los empresarios. Inmersos en la actual crisis económica, son los sectores mas desprotegidos de la población (legalmente, mediáticamente, socialmente, etc.) los que en mayor medida pagan las irremediables consecuencias de un sistema basado en la explotación… aquellos que llegaron buscando una vida mejor se ven sujetos a la discriminación social, cultural y racial que emana de un estado y una sociedad en la que aún se dan ciertas actuaciones más propias de la dictadura franquista pero admitidas en el sistema democrático.
El aumento del paro, el déficit sanitario, la delincuencia… son fenómenos que de manera oportunista se relacionan directamente con la población inmigrante, al tiempo que se ocultan los miles de euros de beneficios de la banca a quien se le ha concedido además dinero público y que siguen ahogándonos a los trabajadores con las hipotecas, así como se oculta la privatización de los servicios públicos, convirtiendo en negocio las necesidades humanas e imposibilitando el acceso generalizado a la educación o sanidad.
La actual Ley de Extranjería ha sido la herramienta legal destinada a la persecución de los inmigrantes que se encuentran en situación irregular. Reforma tras reforma, han hecho de ésta un perfeccionado mecanismo que, mediante la negación permanente de los derechos más básicos, trata de facilitar el hostigamiento contra la población inmigrante. Los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) son el paso previo a la deportación por la cual pasan miles de inmigrantes cada año, que en realidad no son más que cárceles en las que la vulneración de los derechos más básicos es constante, además de caracterizarse por recluir hacinados a los detenidos, la falta de salubridad y asistencia médica.
Por otra parte, los controles policiales destinados a la localización y detención de inmigrantes, con vistas a su repatriación, son cada vez más frecuentes, fomentando su persecución y siendo tratados en numerables ocasiones de forma claramente vejatoria. Por otra parte, en algunos municipios, como Torrejón de Ardoz, incluso se ha tratado de impedir el empadronamiento de los inmigrantes en situación de irregularidad, suponiendo esto la negación de derechos tan básicos como la asistencia sanitaria.
Las agresiones fascistas perpetradas por grupos neonazis siguen siendo una constante, siendo la población inmigrante uno de los principales objetivos de estos, hechos ante los cuales los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado adoptan por lo general un papel pasivo, cuando no cómplice. La xenofobia y el racismo son además fomentados por varios partidos y organizaciones legales a los cuales se les permite concurrir a las diferentes elecciones, aun fundamentando sus programas políticos en el demagógico discurso antiinmigración, que trata de presentar a los inmigrantes como causantes de todos los males de la sociedad, criminalizando a estos y presentándolos como maleantes, especialmente a los jóvenes.
El racismo ha sido siempre una herramienta para mantener separados a los que no tienen nada que perder y todo por ganar. Pero lo cierto es que nosotros no entendemos de razas: latinos, africanos, asiáticos, europeos… nacemos y vivimos en los barrios bajo las mismas condiciones. Esa es la realidad, nuestra realidad. Su tarea es enfrentarnos mediante falsos pretextos porque saben que en nuestra unidad somos invencibles. La nuestra es demostrarles que en eso, no están equivocados.
Nos dividen las clases sociales, no las razas. Cero tolerancia al racismo.
Coordinadora Antifascista de Madrid + Movimiento Hip Hop Combativo
Coordinadora Antifascista de Madrid
http://madrid.antifa.net
coordinadora@madrid.antifa.net
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martes, marzo 16, 2010
viernes, enero 22, 2010
Castilla: Vuelve la fotografía obrera
por Elena Cabrera
El Reina Sofía prepara el rescate del movimiento de fotoperiodismo proletario que hoy vive una reinvención gracias a las redes de contrainformación y el debate sobre propiedad intelectual | Fotogalería: Imágenes de las revistas obreras de la década de los 20 y 30
"Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión" escribía el crítico Edwin Hoernle al hablar del "ojo del hombre trabajador" en el periodo entre las décadas veinte y treinta del siglo XX.
Durante esos años, concretamente entre 1926 y 1939, muchos fotógrafos cambiaron sus objetivos y miraron hacia lo que estaba sucediendo en la clase trabajadora, que comenzaba a organizarse, tomando conciencia de clase y desmarcándose de una creciente burguesía que tomaría las riendas de la vida intelectual.
El Museo Reina Sofía dedicará atención, por primera vez en su historia, el movimiento de la fotografía obrera. Lo hará con una exposición prevista para 2011 y comisariada por Jorge Ribalta, quien ha comenzado a calentar motores con un seminario de tres días (del 21 al 23 de enero) para abrir el debate sobre la historia política de lo que se considera el origen de la modernidad fotográfica. La entrada es gratuita.
En 1926 la revista alemana AIZ abrió una convocatoria para que su público -la clase obrera movilizada- se convirtiera en proveedor de imágenes de la vida cotidiana proletaria, del trabajo industrial y la vida política. Es lo que hoy llamaríamos fotoperiodismo ciudadano. Ese es el inicio histórico de este movimiento pues, a raíz de esa petición, surgieron muchos fotógrafos amateurs pertenecientes a la clase obrera, pero también se apuntaron muchos otros profesionales y semiprofesionales. "Ese es uno de los principales problemas de la investigación" explica Jorge Ribalta, entender la fotografía obrera como la vida de los trabajadores contados por ellos mismos o, en cambio, como la documentación de la clase obrera independientemente de quién sea el fotógrafo.
Otro de los escollos según Ribalta es la pérdida de casi todo el material original. Han sobrevivido mejor los archivos de los fotógrafos profesionales que los aficionados, que fueron mal conservados o no pudieron sobrevivir, como en el caso de Alemania, por el advenimiento del nazismo. El grupo de obreros fotógrafos alemanes era bastante amplio, en Holanda había algún grupo pequeño y en la URSS existían grupos organizados.
Esta organización era posible en las repúblicas soviéticas gracias al partido comunista y, por ello, la fotografía obrera se extendió a otros países a través de los partidos comunistas en países como Alemania, Holanda y Suiza y en otros lugares como Austria no fue el comunismo quien jugó un papel central sino el socialismo. Ribalta entiende que el comunismo fue una "puerta de entrada" pero no el único transmisor. En Hungría y Alemania la fotografía obrera fue en realidad fotografía social, "un tipo de fotografía documental de la gente pobre, de los precarios, sin casa, un equivalente a la documentación que Buñuel desarrolló en las Hurdes españolas en 1933, un mundo abandonado, primitivo, desatendido por el mundo moderno". En Alemania el entorno que se documentó fue el del proletariado urbano, el de "la explotación de los pequeños trabajadores".
En España encontramos focos de fotografía social en los primeros años treinta, con Luis Buñuel, el fotógrafo y cineasta gallego José Suárez o las Misiones Pedagógicas de la República, que documentaron el mundo rural y en las que participaron Val del Omar o Luis Cernuda.
Fue aplastado... pero no del todo
La Guerra Civil atrajo a muchos fotorreporteros internacionales, como bien sabemos por el ejemplo de Robert Capa y Gerda Taro. No fueron los únicos. Walter Reuter, que trabajaba para la revista AIZ, vino a España en 1933 y se implicó al estallar la guerra, realizando reportajes para revistas de la órbita comunista como la francesa Regards. En cambio, no se puede constatar que existiera durante la guerra una red de fotógrafos españoles, articulados o no por el partido comunista. Aunque sí hay algunos focos, explica el comisario, muy minoritarios, agrupados entorno a la Revista Octubre, Nueva Cultura, el intelectual Josep Renau en Valencia y sus fotomontajes al estilo de Heartfield o Alberti y la burguesía intelectual de izquierdas.
Aunque este movimiento muriera en Europa -pero perviviera en Estados Unidos hasta el comienzo de la Guerra Fría- aplastado por el estalinismo, el nazismo y las guerras, podemos encontrar al menos dos relecturas en la historia posterior.
La primera tuvo lugar en el 68, con el movimiento de izquierda marxista y postmarxista y el posmodernismo. La segunda la estamos viviendo ahora, una experiencia que "merge de los movimientos antiglobalización" y se explica como una "reinvención contemporánea" del movimiento de foto obrera. El resultado está en redes como Indymedia o colectivos locales como Fotograccion y el Centro de Medios. Las nuevas redes y el debate sobre la propiedad intelectual nos conducen a nuevos usos y nuevos focos. Jorge Ribalta argumenta que hay una reacción "dialéctica" entorno "a la imagen digital, al Photoshop" que hace virar a la imagen a un papel central como práctica política".
Seguimos necesitando la fotografía documental, como exclamaba la fotógrafa Mary Ellen Mark a lainformacion.com porque para Ribalta el documental es "un proyecto incumplido, siempre incumplido". Siempre en peligro de desaparición. Y no hay que dejar de mirar al mundo obrero porque "parece que el trabajo industrial ha desaparecido, cosa que es falsa y reaccionaria"
El Reina Sofía prepara el rescate del movimiento de fotoperiodismo proletario que hoy vive una reinvención gracias a las redes de contrainformación y el debate sobre propiedad intelectual | Fotogalería: Imágenes de las revistas obreras de la década de los 20 y 30
"Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión" escribía el crítico Edwin Hoernle al hablar del "ojo del hombre trabajador" en el periodo entre las décadas veinte y treinta del siglo XX.
Durante esos años, concretamente entre 1926 y 1939, muchos fotógrafos cambiaron sus objetivos y miraron hacia lo que estaba sucediendo en la clase trabajadora, que comenzaba a organizarse, tomando conciencia de clase y desmarcándose de una creciente burguesía que tomaría las riendas de la vida intelectual.
El Museo Reina Sofía dedicará atención, por primera vez en su historia, el movimiento de la fotografía obrera. Lo hará con una exposición prevista para 2011 y comisariada por Jorge Ribalta, quien ha comenzado a calentar motores con un seminario de tres días (del 21 al 23 de enero) para abrir el debate sobre la historia política de lo que se considera el origen de la modernidad fotográfica. La entrada es gratuita.
En 1926 la revista alemana AIZ abrió una convocatoria para que su público -la clase obrera movilizada- se convirtiera en proveedor de imágenes de la vida cotidiana proletaria, del trabajo industrial y la vida política. Es lo que hoy llamaríamos fotoperiodismo ciudadano. Ese es el inicio histórico de este movimiento pues, a raíz de esa petición, surgieron muchos fotógrafos amateurs pertenecientes a la clase obrera, pero también se apuntaron muchos otros profesionales y semiprofesionales. "Ese es uno de los principales problemas de la investigación" explica Jorge Ribalta, entender la fotografía obrera como la vida de los trabajadores contados por ellos mismos o, en cambio, como la documentación de la clase obrera independientemente de quién sea el fotógrafo.
Otro de los escollos según Ribalta es la pérdida de casi todo el material original. Han sobrevivido mejor los archivos de los fotógrafos profesionales que los aficionados, que fueron mal conservados o no pudieron sobrevivir, como en el caso de Alemania, por el advenimiento del nazismo. El grupo de obreros fotógrafos alemanes era bastante amplio, en Holanda había algún grupo pequeño y en la URSS existían grupos organizados.
Esta organización era posible en las repúblicas soviéticas gracias al partido comunista y, por ello, la fotografía obrera se extendió a otros países a través de los partidos comunistas en países como Alemania, Holanda y Suiza y en otros lugares como Austria no fue el comunismo quien jugó un papel central sino el socialismo. Ribalta entiende que el comunismo fue una "puerta de entrada" pero no el único transmisor. En Hungría y Alemania la fotografía obrera fue en realidad fotografía social, "un tipo de fotografía documental de la gente pobre, de los precarios, sin casa, un equivalente a la documentación que Buñuel desarrolló en las Hurdes españolas en 1933, un mundo abandonado, primitivo, desatendido por el mundo moderno". En Alemania el entorno que se documentó fue el del proletariado urbano, el de "la explotación de los pequeños trabajadores".
En España encontramos focos de fotografía social en los primeros años treinta, con Luis Buñuel, el fotógrafo y cineasta gallego José Suárez o las Misiones Pedagógicas de la República, que documentaron el mundo rural y en las que participaron Val del Omar o Luis Cernuda.
Fue aplastado... pero no del todo
La Guerra Civil atrajo a muchos fotorreporteros internacionales, como bien sabemos por el ejemplo de Robert Capa y Gerda Taro. No fueron los únicos. Walter Reuter, que trabajaba para la revista AIZ, vino a España en 1933 y se implicó al estallar la guerra, realizando reportajes para revistas de la órbita comunista como la francesa Regards. En cambio, no se puede constatar que existiera durante la guerra una red de fotógrafos españoles, articulados o no por el partido comunista. Aunque sí hay algunos focos, explica el comisario, muy minoritarios, agrupados entorno a la Revista Octubre, Nueva Cultura, el intelectual Josep Renau en Valencia y sus fotomontajes al estilo de Heartfield o Alberti y la burguesía intelectual de izquierdas.
Aunque este movimiento muriera en Europa -pero perviviera en Estados Unidos hasta el comienzo de la Guerra Fría- aplastado por el estalinismo, el nazismo y las guerras, podemos encontrar al menos dos relecturas en la historia posterior.
La primera tuvo lugar en el 68, con el movimiento de izquierda marxista y postmarxista y el posmodernismo. La segunda la estamos viviendo ahora, una experiencia que "merge de los movimientos antiglobalización" y se explica como una "reinvención contemporánea" del movimiento de foto obrera. El resultado está en redes como Indymedia o colectivos locales como Fotograccion y el Centro de Medios. Las nuevas redes y el debate sobre la propiedad intelectual nos conducen a nuevos usos y nuevos focos. Jorge Ribalta argumenta que hay una reacción "dialéctica" entorno "a la imagen digital, al Photoshop" que hace virar a la imagen a un papel central como práctica política".
Seguimos necesitando la fotografía documental, como exclamaba la fotógrafa Mary Ellen Mark a lainformacion.com porque para Ribalta el documental es "un proyecto incumplido, siempre incumplido". Siempre en peligro de desaparición. Y no hay que dejar de mirar al mundo obrero porque "parece que el trabajo industrial ha desaparecido, cosa que es falsa y reaccionaria"
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